-Carlos Aimeur revive este fenómeno en ‘Destroy’ novela negra que refleja parte de una generación

-‘Me he tenido que poner en situaciones que no me eran próximas’, dice el autor

La de los noventa fue una de las mejores décadas de este país. Las Olimpiadas del 92 pusieron España en el mapa, empezaban a llegar las primeras oleadas de inmigrantes y el siglo XXI se anunciaba pletórico de promesas y prosperidad. Pese al panorama de boyante bonanza, muchos jóvenes de esa época echaron su futuro por la borda zozobrando en el mar de las drogas duras y lanzándose al precipicio a lomos de un caballo desbocado, la Reina blanca. El periodista Carlos Aimeur, especializado en temas culturales, ofrece una crónica cruda de ese fenómeno en Destroy. El corazón del hombre es un abismo (Drassena), un paseo retrospectivo por la Ruta del Bakalao y otros territorios comanches de marginalidad en una Valencia en su vertiente más ácida que corroe los sentimientos y destruye a sus hijos. Un pijo camello y canalla en el peor sentido del término, una prostituta yonky que mata viejas para pagarse el vicio y un tal El Trucha que, como buen pez de río , logra escurrir el bulto y sobrevivir a la marea blanca y al desmoronamiento moral. Son algunos de los personajes que pueblan esta historia dura, a veces descarnada en torno a la investigación de un crimen cometido un día de San Valentín en una nave industrial de Aldaia. Novela negra, sí, pero también testimonio personal y fehaciente de un pasado próximo evocado con precisión casi quirúrgica pero sin un ápice de nostalgia.

Destroy es la primera novela de Aimeur, aunque se publica cuatro años más tarde que Bonaventura, su segundo relato ambientado en la Valencia de la Guerra de la Sucesión, Premio Ciudad de Valencia 2007. «Con Destroy aprendí que los personajes y la historia mandan», dice Aimeur. «Hasta que no me sometí a ellos, hasta que no hice lo que ellos debían hacer, no tuve novela. En ocasiones, al hablar con escritores, cuando me decían que los personajes tenían vida propia y todas esas cosas pensaba que me estaban vendiendo humo. Pero no. Es verdad. Ocurre».

Con esta historia se aleja de tentación autobiográfica que suelen experimentar los autores bisoños y crea personajes y situaciones muy alejadas de su realidad cotidiana. «Tuve problemas con la primera parte de la historia, porque tenía que ponerme en situaciones y comprender actitudes que no me eran ni remotamente próximas», comenta. «Algunos amigos me han dicho que leído les resulta extraño, como si la hubiera escrito otra persona. Para mí es un elogio porque significa que he conseguido lo más difícil, o al menos a mí me lo parece, que es ponerme en la piel de personas totalmente distintas a mí».

En la génesis y extinción de la famosa Ruta del Bakalao influyeron en su opinión muchos factores. «Confluyeron un tipo de diversión, una legislación horaria muy laxa y otras circunstancias, como la irrupción de determinadas drogas recreativas, que unidas a las ansias de libertad permitieron esa celebración del exceso», señala. «Habría sido divertido si no hubiera durado tanto, pero lo que era una fiesta se acabó convirtiendo en algunos casos en una pesadilla. En general, la mayoría de la gente que conozco que realizó la Ruta del Bakalao se fue distanciando conforme fueron adquiriendo responsabilidades, personales, laborales y familiares».

Sobre el tema de las drogas y su posible legalización, Aimeur mantiene una postura matizada. «No puedo poner en el mismo plano drogas nocivas como la cocaína, la heroína o el alcohol, que otras de perfil más bajo como la marihuana o el tabaco. Lo que sí es evidente es que la represión, la Ley Seca, ha fracasado. Eso es un hecho. No sé cuál es la solución, si hay una o varias. Lo que sí que tengo claro es que la actual solución no soluciona nada»

Ex redactor de EL MUNDO y actual jefe de Cultura del digital Valencia Plaza, Aimeur sigue día a día la actualidad en este aspecto y considera que «durante la última década la actuación en materia cultural en la Comunidad ha acumulado más sombras que luces. Los últimos cuatro años han sido desastrosos».

Sobre la Novela “Destroy. El corazón del hombre es un abismo”

 

Valencia, años 90. La movida valenciana ha desaparecido. Comienza a triunfar una nueva forma de ocio, la llamada ruta del bakalao o ruta destroy. En ese ambiente David, un joven de clase media, machista, violento, egoísta, sin problemas familiares aparentes, se deja seducir por los cantos de sirena de una nueva droga, la cocaína, que le llevará a abandonar a su familia y a introducirse en las mafias del narcotráfico. En el otro lado, una joven juez, también de clase media, recién desembarcada en la vida real, casada con un hombre al que no sabe si ama. Ella descubrirá que su mundo de rutinas y seguridades está lleno de grietas y que la vida comienza en ese mismo momento.

Relato iniciático y total, de ritmo trepidante, Destroy. El corazón del hombre es un abismo es a la vez canto épico y conclusión realista, coda y final de una época, un thriller que rehuye voluntariamente del tono nostálgico para ser un relato desabrido y honesto que nos retrata la desesperación de unos personajes al límite.

CARLOS AIMEUR (Valencia, 1972) es periodista y trabaja en Valencia Plaza como Jefe de Información de CulturPlaza.com. Ha sido redactor de cultura en Las Provincias y El Mundo y Jefe de Prensa del Institut Valencià de l’Audiovisual i la Cinematografia. Ha colaborado en Levante, Mediterráneo y en revistas como Descubrir el Arte o Muy Interesante. Ha participado en varios cortometrajes como guionista o productor y ha dirigido el largometraje documental Teología. Perdimos un imperio por esto sobre el grupo de post rock La Muñeca de Sal. Con su primera novela, Bonaventura. Sangre, cólera, melancolía y flema obtuvo el premio de novela Ciudad de Valencia en 2007. Se casó en Las Vegas y es padre de un hijo, Diego. Esta es su segunda novela.

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