Sideral, el DJ que cambió la escena electrónica en España, en un documental…10 años despues de su muerte.

CLUB NITSA 94/96, TESTIGO VISUAL DEL PASADO DE DJ SIDERAL EN LA NOCHE BARCELONESA.

Nostalgia electrónica en la Barcelona de los noventa’

El documental, dirigido por Alex Julià, reúne a los nostálgicos de la época que participaron en los orígenes del club. Recuperamos clásicos de la época y lanzamos un flash sobre el documental en el cual aparecen figuras esenciales de la escena catalana como Sideral o John Talabot.

En el pasado festival de cine documental musical In-èdit hubo lugar para la nostalgia de la noche barcelonesa de los noventa: se presentó NITSA 94/96. Dirigido por Àlex Julià, el documental busca revivir los recuerdos de muchos de los protagonistas del nacimiento de NITSA, cuando el club ocupada el local en la plaza Joan Llongueras, el actual BeCool. En el documental escucharemos a más de treinta voces —DJ, productores, promotores o seguidores—, desde su propietario Gabi Ruiz, que visita el local tras todos estos años, hasta John Talabot, cuyos años de formación coincidieron con la emergencia del club, que recuerdan y rememoran no sin cierta emoción lo que fueron para ellos aquellas noches de fin de semana en los que la electrónica entraba por primera vez en sus vidas.

La electrónica, como el acid house, estaba presente en Barcelona desde finales de los ochenta. Clubes como Ars Studio, fundado por César de Melero, ya ofrecían en sus noches los nuevos sonidos que llegaban tanto desde Estados Unidos como desde sus resortes en Inglaterra. Para muchos, NITSA no fue precisamente el lugar pionero en alojarla, sino el espacio que vino a reunir e incorporar a nuevas gentes que luego acabarían siendo decisivas en el desarrollo de la cultura de club en Barcelona. Sideral fue, de entre todos ellos, el DJ más emblemático, que sin apenas tener conocimientos técnicos ni experiencia en los platos logró erigirse como líder del nivel amateur dominante en aquella época. Con la excusa de NITSA 94/96 podemos recuperar varios de aquellos temas que, a día de hoy, forman parte del imaginario clubber; cuando todavía suenan en alguna noche, los más nostálgicos cierran los ojos y se transportan a aquellos inicios de los noventa, en los que el happy face no era un emoticono sino una nueva forma de entender la música y bailar hasta el amanecer, o incluso más allá. Y eso que, en el documental, más que del happy face se habla de la mítica pista giratoria, un divertimento anecdótico local que incluso Jeff Mills parece recordar.